Libertad histórica en tiempos de dominio español – Edwin Chávez Medina para El Diario de Riobamba

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La desgraciada derrota del Ejército Patriota el 22 de noviembre de 1820 en los campos de Huachi, en donde 500 héroes regaron su sangre, indujo al jefe realista Melchor Aymerich a decir arrogantemente que los Ejércitos españoles eran invencibles.

LA CIUDAD MÁRTIR

Luego de este descalabro de las armas patriotas, las fuerzas realistas reestablecieron el Gobierno Colonial en el Corregimiento de Riobamba y consientes de la importancia estratégica de la Villa, destacaron aquí un fuerte contingente militar. El Ejército realista ocupó los conventos y casas particulares del poblado y cometieron abusos sin nombre. La represalia española por los sucesos del 11 de noviembre de ese año, día en que Riobamba proclamó su libertad política, fue brutal. El Comandante realista Eugenio Payol, un sanguinario y bárbaro militar se ensañó contra la indefensa Villa. Empezó ordenando la recluta forzada de los varones de toda edad para engrosar las filas realistas. Ordenó la requisa de todos los animales de carga y de montura, y si sus dueños se oponían eran muertos en el acto. Quienes se acercaron al Cuartel General a reclamar sus animales, fueron hechos prisioneros, torturados y asesinados y sus cuerpos fueron colgados en la Plaza de Santo Domingo como escarmiento del resto de la población. Y esto no fue todo, se impuso a los habitantes del Corregimiento fuertes contribuciones en dinero y en especias para la manutención del Ejército Realista acantonado en la Villa. Esto supuso el empobrecimiento y la ruina de la población de todo el Corregimiento. Muchos habitantes se vieron forzados a huir a otros lugares.

EL EJÉRCITO DE LA LIBERTAD

No contaban los Jefes realistas con la tenacidad y la persistencia de las fuerzas patriotas que, reagrupados nuevamente bajo el mando de Antonio José de Sucre, se aprestaron nuevamente a luchar por la Libertad.

El Ejército de Sucre lo conformaban fuerzas multinacionales agrupadas en escuadrones y divisiones de diferentes procedencias: Junto a los ecuatorianos del “Yaguachi”, pelearon lo neogranadinos del “Paya”, los peruanos del “Trujillo” y el “Piura”, los soldados ingleses del “Albión” y los “Granaderos a Caballo” conformado por soldados argentinos al mando del coronel Juan de Lavalle.

El Ejército Patriota avanzó de Guayaquil con dirección a Cuenca, persiguiendo al Ejército realista que se iba replegando hacia el norte para hacerse fuerte en Riobamba. La vanguardia del Ejército de Sucre lo conformaba un escuadrón al mando del valiente Coronel Diego de Ibarra, quien marchaba despejando el camino para el avance del resto del Ejército. El 20 de abril llegó Sucre a Punín mientras los realistas al mando del coronel Nicolás López, atrincherados en Riobamba, habían ocupado posiciones estratégicas para un posible encuentro. La desventajosa posición de los patriotas fue superada cuando el escuadrón de “Granaderos a Caballo” al mando de Lavalle logra ingresar a la ciudad por un lugar desguarnecido. Mientras Lavalle y sus 96 jinetes gauchos avanzaban por la ciudad, se encuentran con la retaguardia de la caballería española compuesta por casi 400 hombres al mando del Coronel Carlos Tolrá. Dejemos que el Coronel Juan de Lavalle nos cuente lo que sucedió ese memorable día:

“Me vi repentinamente, al frente de tres Escuadrones de Caballería, cada uno de ciento veinte hombres que sostenían la retirada de su infantería. Una retirada habría ocasionado la pérdida del Escuadrón y su deshonra; y era el momento de probar en Colombia su coraje; mandé formar en batalla, poner sable en mano y los cargamos con firmeza. El Escuadrón que formaban 96 hombres parecía un pelotón respecto de 400 que tenían los enemigos……. Ordené vivamente ¡A degüello! y cargamos de frente a la caballería enemiga…….”

Esta audaz y temeraria carga del Escuadrón de Lavalle, sorprendió a la caballería española, que se replegó en desorden con algunas bajas, pero luego volvieron a formar batalla esta vez al mano de su jefe el Coronel Carlos Tolrá. Los patriotas argentinos que estaban de retirada, al notar la disposición de las tropas españolas, volvieron grupas y se dispusieron a dar batalla nuevamente y con otra carga aún más brillante que la primera, en donde el arrojo individual fue decisivo, desbarataron a la caballería española que huyó en desbandada dejando 52 muertos y 20 heridos.

Tras la derrota, el Ejército español abandonó precipitadamente Riobamba con dirección al norte siendo perseguido hasta la población de San Andrés por un Escuadrón de Cazadores.

 Esta victoria de las fuerzas patriotas, el memorable 21 de abril de 1822, significó la Libertad definitiva de la ciudad Riobamba del dominio español y despejó el camino hacia Quito que culminó con el triunfo del Ejército de la Libertad al mando de Sucre en las faldas del Pichincha.

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